Un mensaje de lunes por la mañana: Sabato ho andato a Firenze e ho visto il David. La segunda mitad es impecable. La primera lleva el auxiliar equivocado, porque un italiano escribiría sabato sono andato a Firenze, y sono andata si el mensaje lo manda una mujer. Las dos mitades se construyeron con el mismo molde, el de he ido y he visto, y en italiano ese molde solo encaja en una de ellas.
El español actual forma todos sus tiempos compuestos con un solo auxiliar. He ido, he visto, me he levantado, había llegado, habrá salido: cambie el verbo que cambie, delante va haber. Eso es igual en todas partes, aunque el tiempo que usas para contar la mañana no lo sea: en la mayor parte de España lo normal es esta mañana he ido al banco, y en buena parte de América, igual que en Canarias o en Galicia, esta mañana fui al banco. En la conversación de la mayor parte de Italia, el passato prossimo corresponde a los dos: sono andato es tu he ido y es también tu fui.
El italiano tiene dos auxiliares y elige mirando lo que le pasa al sujeto. Va con essere el verbo cuyo sujeto se desplaza a un sitio o desde un sitio, o cambia de estado: andare, venire, arrivare, partire, uscire, entrare, tornare, cadere, y también nascere, morire, diventare, crescere, invecchiare. Se suman essere, stare, restare y rimanere, todos los reflexivos, y un grupo corto que no se deduce de nada y se aprende como lista, con piacere, bastare, servire, mancare o costare. Va con avere el verbo que tiene o puede tener objeto directo (ho preparato la cena, ho chiamato Giorgio) y también el que nombra una actividad sin punto de llegada, haya movimiento o no: ho passeggiato, ho ballato, ho riso, ho telefonato.
Sabato sono andata a Firenze.
Domenica ho passeggiato tre ore in centro.
Mi è mancata tanto la mia città.
Con essere aparece algo que el español no hace en ningún tiempo compuesto: el participio concuerda con el sujeto. Giulia è partita, i miei cugini sono arrivati, le ragazze sono uscite. En español dices Giulia se ha ido o las chicas han salido sin tocar el participio, y la concordancia solo la haces fuera de los tiempos compuestos, en Giulia está sentada o las cartas fueron enviadas. En italiano esa misma concordancia sigue a essere también en el pasado. Con avere, el participio suele quedarse en -o: Giulia ha ballato, le ragazze hanno riso. Concuerda por fuerza cuando delante va lo, la, li o le (con lo no se nota, porque ya termina en -o): la torta, l’ho finita; le cartoline, le ho spedite. Con ne lo normal es que concuerde también: di mele, ne ho comprate tre. Con mi, ti, ci o vi la concordancia es optativa: una mujer puede decir Marco mi ha chiamato o Marco mi ha chiamata.
Dónde se complica
Algunos verbos llevan los dos auxiliares, y el auxiliar dice qué papel tiene el sujeto. Tu subir sirve para he subido la maleta y para los precios han subido, siempre con haber. El italiano separa los dos casos: cuando alguien hace subir algo, avere; cuando lo que sube es el sujeto, essere. Así funciona aumentare, que es tu subir de precios y alquileres, y así funcionan cambiare o migliorare: ho cambiato casa, pero il quartiere è cambiato. Scendere también: ho sceso le scale di corsa, con objeto, y sono scesa dall’autobus, sin él. Y correre hace una distinción más fina: ho corso nel parco habla de la actividad, y sono corso in farmacia habla del sitio al que llegaste corriendo.
Da gennaio l’affitto è aumentato: il proprietario l’ha aumentato del dieci per cento.
Los verbos modales toman el auxiliar del infinitivo que los sigue. No he podido venir es non sono potuto venire, porque venire va con essere. He tenido que estudiar es ho dovuto studiare, porque studiare va con avere. Con un infinitivo de essere, el italiano acepta también avere, y non ho potuto venire es igual de correcto. Al revés no funciona: sono dovuto studiare es un error. Hay un infinitivo que se sale de la regla, y es el propio essere: aunque en pasado vaya con essere, el modal que lo precede lleva avere. He tenido que ser sincero es ho dovuto essere sincero, no sono dovuto essere, y no he podido estar presente es non ho potuto essere presente.
Siamo dovuti tornare a piedi.
En español, el pronombre de un infinitivo reflexivo puede ir delante o detrás, y el auxiliar no se entera: me he tenido que vestir y he tenido que vestirme llevan los dos haber. En italiano el pronombre también se mueve, pero el auxiliar depende de dónde acabe. Si sube delante del modal, el verbo cuenta como reflexivo y va con essere: mi sono dovuta vestire di corsa. Si se queda pegado al infinitivo, el modal vuelve a avere: ho dovuto vestirmi di corsa. Las dos frases dicen lo mismo.
Que un verbo sea reflexivo lo decide el italiano, no el español. Me he reído mucho es ho riso molto, porque ridere no lleva pronombre y va con avere. Me he equivocado puede ser mi sono sbagliato o ho sbagliato, y el auxiliar sigue al pronombre. El me de me he tomado un café tiene pareja en la conversación italiana, mi sono preso un caffè, con essere, junto a ho preso un caffè.
Cómo reconocerlo de oído
Detrás de ho, el participio casi nunca cambia; detrás de sono, cambia con cada sujeto. Cuando Sara cuenta su fin de semana, lo que dice suena así: venerdì sono uscita, ho ballato fino alle due, sabato mi sono svegliata tardi, sono andata al mare con due amiche e siamo tornate stanchissime. Cada participio en -a o en -e de ese relato va detrás de essere, y el único en -o, ballato, va detrás de avere. Una vocal distinta de -o al final del participio viene casi siempre de essere; cuando no, delante del auxiliar había un pronombre como l’, le o ne.
Sono en una frase sobre el pasado resulta extraño a un oído español, porque se asocia con soy y con estoy, con el presente. En el español de hoy, ser no forma ningún tiempo compuesto. En italiano essere forma pasados en cada relato, y para quien habla sono andato es tan pasado como ho visto. El sono no dice cuándo pasó algo: dice qué clase de verbo viene detrás.
Los textos castellanos antiguos dicen es venido y son idos, con ser, justo donde el italiano de hoy dice è venuto y sono andati. El reparto entre dos auxiliares no es una rareza italiana. El español lo tuvo durante siglos y acabó quedándose solo con haber; el italiano lo conservó.